miércoles, 2 de mayo de 2012

Hola, que tal compañeros y compañeras; como bien saben el Colectivo Escarlata Revoltoza y el Cine Popular Black Duck realizaron la premiación del “1er concurso Libertario de Cuento y Cuento Corto” los que allí asistimos tuvimos el gusto de conocer la decisión del jurado que nos recomendó 6 cuentos de las dos categorías, los cuales según su criterio merecen alto reconocimiento por su dedicación literaria, para aquell@s que no pudieron asistir hacemos de manera más amplia esta información.

El Colectivo Escarlata Revoltoza y el Proyecto Cine Popular Black Duck de antemano queremos informarles que estamos complacidos por la participación de tod@s y cada uno de ustedes, no lo decimos por protocolo de concurso, sino que en serio al leer los cuentos, provocaron y conmovieron nuestros corazones libertarios, sacándonos sonrisas misteriosas de obscuras intenciones, lagrimas que se enredaron en nuestras gargantas, suspenso-terrorífico y también felicidad provocada por la fe y la razón característica de un anarquista. Así les decimos pues, el concurso de Cuentos Libertarios "José Buenaventura Durruti Dumange" (en las modalidades cuento y cuento corto) ha sido un éxito rotundo. Felicidades a todos nosotros por contribuir a la cultura (literaria) anarquista y libertaria de esta década, que será plasmada lo más pronto posible en la antología de cuentos libertarios 2011. (Esperando poder publicarla con la ayuda de ustedes y otros colectivos, en México, Colombia, Argentina y Chile).

Aquel 10 de Diciembre en el CEDIA contamos con la presencia de un auditorio pequeño pero atento, de entre los cuales se encontraba la compañera que obtuvo el más alto reconocimiento en Cuento, con el título: Búsqueda y Encuentro: Los Motivos de Remedios. También asistieron dos de los tres jurados, pero solo pudimos escuchar el mensaje de la compañera E. Santiago A., ya que por otros motivos también importantes, el profesor Rogelio R., no pudo asistir, y el profesor y compañero Alfredo Velarde, tuvo que retirarse temprano, así que su mensaje no fue escuchado, así que hoy y aquí, mediante este resumen de lo que fue el Concurso de Cuentos nos honramos en presentar las palabras de Alfredo Velarde y también de uno de los participantes del concurso de “Cuentos Libertarios J.B.D” del mismo modo amigo y camarada Josué Natura.

Gracias al CEDIA por permitirnos realizar este evento en sus instalaciones, gracias a los jurados que sin ningún pago, más que lo gratificante de participar, nos apoyaron con gran dedicación, gracias a todos y cada uno de los que nos hicieron llegar sus cuentos, gracias a radiomolocha por transmitir en línea, nos sentimos complacidos y estamos en proceso de sacar la tan anhelada antología.


Combativamente: COLECTIVO ESCARLATA REVOLTOZA Y PROYECTO CINE POPULAR BLACK DUCK.

A. SIN CULTURA NO HAY FUTURO.




En los albores de una revolución social que habría de ser usurpada por la oportunista burguesía mexicana y bajo los humildes techos de los obreros mexicanos, en los recesos que las labores de los pequeños talleres fabriles permitían, en las céntricas cantinas y hasta en la fila que antes del amanecer se hacía para comprar el “pato asao”, se acostumbraba que quien hubiera tenido la oportunidad de cursar algunos grados escolares, leyera en voz alta a aquellos que alrededor suyo, esperaban impacientes el nuevo número de Regeneración, escrito y editado desde Los Ángeles, California por ser considerada su Junta Organizadora “enemigos jurados de la nación”.

La propaganda anarquista ha encontrado siempre en el cuento libertario un medio que no sólo por su simplicidad de argumento y extensión supo anidar en las conciencias de los desposeídos. Los temas escogidos por los autores, aunado al reiterado uso de figuras retóricas como la personificación de objetos inanimados, la metáfora y la ironía entre otras, sirvieron para dotar de argumentos a la rebeldía que intuitivamente florecía en el fuero interno del proletariado mexicano. Un guerrillero libertario yacía oculto en cada una de esas fuerzas creadoras, y las fábulas de Magón, entre otros, ayudaron a que se escribiera con tinta negra la historia de éste.

El cuento libertario, como una de las expresiones más francas de la actividad propagandística anarquista tiene una importante misión que puede entenderse desde dos perspectivas mutuamente complementarias: como parte constitutiva fundamental de la prensa crítica libertaria, enfocada a mundanizar los “elevadísimos” temas de política y economía y permitir que cualquier persona aterrice en ellos su experiencia propia, y en segundo lugar, como intento de concientización de las multitudes que, enajenadas de las capacidades revolucionarias que les son propias, olvidan que de los humildes esfuerzos individuales se genera la presión colectiva que debe y puede acabar con el sistema capitalista de producción.

Por otro lado, el espíritu del cuento anarquista pierde todo contexto y objeto si se abstrae la particular temática que le dota de sustancia: no es la crítica de los usos y costumbres en la sociedad capitalista per se lo que dota de centralidad al discurso ácrata plasmado en la plástica propia del cuento libertario, sino esta critica enmarcada dentro de la lucha de clases que es el verdadero motor de la historia. Por tanto, en este particular tipo de relato es recurrente observar situaciones y paisajes propios de la dinámica política ácrata tales como la crítica al Estado, las ansias y la lucha por la libertad, los momentos que encumbran el actuar de los insurreccionalistas, la revuelta y la barricada entre otros.

Muy a tono con el volumen de cuentos que tenemos la satisfacción de prologar, vemos cómo frente a nuestros ojos discurren muchas de las formas anteriormente descritas, sin embargo, cuando nos adentramos en los más finos detalles de cada uno de los textos, es posible encontrar un común denominador dentro del universo de la practica anarquista: el fuego redentor, el paquete explosivo en manos de quien no tiene nada que perder, pero tiene su libertad por conquistar, la pistola que, en palabras de Fanon, confiere de nueva cuenta la condición de humano a quien la porta y quien la usa contra el enemigo de clase, optando muchas veces por la muerte a seguir siendo un esclavo. En una elemental síntesis, encontramos el elemento insurreccional, en sus más disímiles momentos, dibujando escenarios que difícilmente se borran de la memoria y que de alguna manera reflejan las más sutiles aspiraciones del pueblo llano.

Políticamente incorrecto, insumiso, honesto para con el pueblo de a pie y despreciativo con el burgués, muy anarco en pocas palabras, el cuento libertario es y seguirá siendo una de las más bellas expresiones de los deseos de emancipación de mujeres y hombres, siempre en la consecuente búsqueda de nuevas formas de despertar la conciencia de los desheredados y de dinamitar la abyecta realidad capitalista.




Josué Simancas P.





A PROPÓSITO DEL PRIMER CONCURSO

DE CUENTO JOVEN LIBERTARIO

(A modo de una Introducción Antologadora)



                                                                                                                                      Alfredo Velarde


Acepto con agrado la delicada encomienda que me fuera conferida por los entrañables y siempre inquietos compañeros libertarios del Colectivo Escarlata Revoltoza y del Cine-Club Popular Black Duck, para referir la estimulante experiencia vivida y que supuso la honrosa tarea de haber sido partícipe, en mi anónima calidad -hasta apenas la víspera- de miembro del jurado evaluador que se encargó, en las postrimerías del año 2011 que se fue, de leer, estudiar y emitir, en forma por cierto unánime, el fallo a los felices triunfadores participantes en el Primer Concurso de Cuento Libertario, Buenaventura Durruti.

Deseo destacar, antes que otra cosa, el goce que significó trabar conocimiento de quienes me acompañaron en la misma labor, por la calidad humana que exhibieron, así como por la sensibilidad y el equilibrio de criterio que mostraron a la hora de deliberar y ponderar cualidades y defectos técnicos en los trabajos, así como para medir, en un plano eminentemente cualitativo y con radical justicia, los aportes y rasgos distintivos que singularizaron los contenidos de todos los trabajos presentados al certamen. Me refiero, pues ahora ya se puede saber, del apoyo que sentí recibir en la mancomunada y compartida responsabilidad de evaluar los trabajos, tanto de la compañera Evelia Santiago Aguilar así como del compañero Rogelio Ramírez, con quienes tuve el privilegio de integrar una tripleta formidable. El trabajo con ellos, no sólo aligeró el peso de la responsable labor, sino que atemperó los juicios e hizo de la experiencia un gozo ilustrativo y ejemplar para una forma libertaria de trabajo colectivo en la búsqueda de acuerdos consensuales. A ellos, mi reconocimiento admirado y a los compañeros de los Colectivos Escarlata Revoltoza y del Cine-Club Black Duck, mi más incombustible gratitud.

En general, destaco de la experiencia vivida varias cosas importantes, pero una especialísima del Comité de Evaluación y emisor del fallo con quien trabajé. Ninguno de nosotros es o ha sido autoridad alguna en el agreste paisaje de las convencionales figuras de la literatura mexicana en nuestro desgarrado tiempo histórico. Más bien, se trata de compañeros “de a pie”, si cabe la expresión, cuyo interés y auténtico amor por la literatura no viene de algún -supuesto o real- Olimpo Cultural alguno, sino de la gozosa condición de confesarnos como simples y empedernidos lectores mortales que refinaron su juicio a fuerza de leer y gastar el ojo, y, en algo, de escribir ciertas cosas.

Sobre el certamen, no obstante su modestia, debe ser sobresaltada la juventud y el clarividente entusiasmo de sus organizadores, así como su capacidad para reunir en un solo aliento libertario, las anarquistas inquietudes de genuino talante autonómico, autogestivo y confederal con una iniciativa concebida para escribir cuento, algo en sí raro y al tiempo prefigurativo y admirable en una cartografía político-militante de “izquierdas” tan poco amigable como la mexicana, además de copada tanto por los diversos afanes estatalistas y vanguardistas de vieja cepa, como por el más ramplón electoralismo partidocrático y el cretinismo-parlamentarista de horizonte limitado que sufrimos. Que un grupo anarquista de propósitos militantes, pese a lo exiguo de sus fuerzas, se proponga, al tiempo, a propalar culturalmente iniciativas, como la reciente experiencia convocante al Primer Concurso de Cuento Libertario, es un hecho encomiable que –en sí mismo- concita a su repetición amplificada un próximo proceso futuro mejor logrado, en tanto desplante de <> ante tanto analfabetismo prescrito oficialmente –funcional y disfuncional- que no concurre ni coadyuva para detonar nuestras compartidas expectativas revolucionarias anticapitalistas y contra sistémicas, de crear conciencia en las múltiples luchas sociales. Tanto para las que hoy se libran y, desde luego, por las que tendrían que surgir en el devenir para hacer estallar en mil pedazos la explotadora, opresiva y enajenante sociedad capitalista de lucro que todo lo pudre, a favor de otra cosa diferente y mejor.

Si esta nota de introducción a una publicación antologadora de los catorce trabajos más destacados, sirve como modesto premio general a los esforzados que respondieron a la convocatoria y que no fueron distinguidos por la premiación del jurado evaluador, pues ¡enhorabuena! A quienes triunfaron, ¡mis felicitaciones y admiración!

En cualquier caso, no sobra felicitar a los participantes todos pues sin ellos, todo lo que se pueda decir aquí sería, en lo fundamental, mera paja o inútil anecdotario. Tampoco sobra alentar en los que participaron a que se afanen más en sus esfuerzos narrativos, puesto que el siempre complejo proceso escritural, nunca es labor de espíritus delicados tocados por la inspiración de las hadas, sino que es una labor de monstruos que deben trabajar, trabajar y trabajar. Deseo, también, agradecer a mi amigo y compañero ácrata Josué y su entrañable compañera de andanzas libertario-culturales, Angélica, por la atención recibida en el proceso y la distinción de haberme invitado y ser considerado como alguien apto para una actividad en la que me enorgullece haber colaborado.

Termino la presente introducción, señalando que incorporo como acompañamiento de estas breves palabras, unos puntos sobre la literatura que jamás habría escrito, si no fuera por la tarea que nuestros compañeros y amigos libertarios nos solicitaron. De manera que, de nuevo, muchas gracias...


¡Salud y Anarquía!

21 de Marzo de 2012








A MODO DE ANEXO PRESCINDIBLE

SOBRE LA LITERATURA










I. La literatura en general: un activo cultural valioso en sí mismo

Si la literatura acostumbra designar a esa extraordinaria plétora capaz de abarcar el súmmum desdoblado de las más distintas tradiciones y culturas escritas existentes en sus respectivos tiempos históricos, así como en su desbordante e inacabable sucesión de obras y creaciones, parece evidente que al conocimiento literario en general, sólo puede accederse sumergiéndonos en el polícromo mosaico multicolor y desde las más diversas expresiones que de ella existen, yuxtapuestas, para conocerlas en su agitada mezcla y efervescente mixtura interior. No hay ni existe, a decir verdad, receta infalible alguna para suponer que una cierta perspectiva literaria en particular, o aún las más diversas modalidades de sistemática aproximación a ella y contempladas panorámicamente frente a las demás, por importante que sea cualquiera de ellas en específico, sobre-determine o haga prescindible a otra u otras expresiones de la literatura universal, así como tampoco, inclusive, en lo que hace a las múltiples perspectivas que estudian a la literatura misma a través de sus heterogéneas y poliédricas modalidades o planos para hacer de ella, un amplísimo acervo cultural además de complejo objeto de estudio. Es por eso que la literatura es un activo cultural valioso en sí mismo y sus valores son universales.

A guisa de emblemático ejemplo, podemos afirmar que mientras una perspectiva determinada de aproximación sistemática a su estudio, como lo es la historia de la literatura, se ocupa de abordar el desarrollo de la literatura misma comportada por un pueblo, una generación o un cierto círculo cultural definido por sus temas, formas, representaciones y exponentes, ante los demás; la psicología de la literatura, de su lado, se dedica al análisis de los diferentes talantes psíquicos del toral y complejo proceso escritural y creativo social humano con fundamento en sus múltiples autores. Y así sucesivamente. Cada óptica y cada perspectiva, por ende, son valiosas en sí mismas. En cualquier caso, la literatura siempre es literatura y, aunque la perspectiva revolucionaria y filosófico-política libertaria para transformar el caos desintegrador que todo capitalismo asegura, repudie el elitismo de la arrogante y frecuentemente clasista compartimentación académica ente “la alta” y la “baja literatura”, a fuerza de ser sinceros siempre existirá buena y mala literatura cuya genuina riqueza, en todo caso, está invariablemente radicada más en la multiplicidad y su diversidad, que en la discriminación de unos géneros supuestamente hablando “menores” frente a otros presuntamente “mayores”. Los anarquistas lo saben bien, porque muchos entre quienes han hecho filas al seno de la histórica causa revolucionaria ácrata, de León Tolstoi a Darío Fó y sus tantos ejemplos intermedios, fueron literatos anarquistas, algunos de los cuales detentaron un incontrovertible estatura clásica e histórico-universal y quienes, sin embargo, jamás propendieron a despreciar, con arrogancia, a las presuntas “expresiones literarias menores” frente a las “importantes” como sí lo hace el cerrado mundillo académico-literario universitario realmente existente.

II. Contra el elitismo literario, la diversidad y la autenticidad creativa

Por lo demás también parece preciso desmarcarse, al seno del amplio debate literario y a favor de la justicia y la diversa creación literaria, respecto de quienes suponen o han sostenido que, al interior de la literatura, existan “géneros mayores” frente a otros “menores” o de menor trascendencia comparativa, según lo postulan los propios estudios académicos de géneros literarios, para los cuales y de hecho, proceden casi en su integralidad de la teoría literaria griega a partir del Platón de la Republica, luego modificada por el Aristóteles que nos llegó por obras suyas como la Retórica y su Poética para que, a la postre y bajo ligeras variantes, quedara incorporada plenamente, primero, en la cultura latina (con Horacio y su Epístola ad Pistones), y después quedara asentada en la cultura de la Edad Media para, finalmente, ingresar de lleno en la cultura humana de la modernidad capitalista hoy inmersa en una incontrovertible crisis de civilización que parece habitarlo todo.

Estos géneros tradicionales son, a saber, el lírico, el épico y el dramático. Derivados de estos, bajo la consideración de ser “subgéneros” de aquellos, aparecen los siguientes que enumero a botepronto. Dentro de la lírica: oda, égloga, elegía y sátira. Al interior de lo épico: epopeya, poema épico, cantar de gesta y el romance (vistos éstos como “subgéneros mayores”); además de la novela y el cuento (como “subgéneros menores”). Al seno de lo dramático: drama, tragedia, comedia y tragicomedia (“subgéneros mayores”); y auto-sacramental, melodrama, farsa, entremés y sainete (“subgéneros menores”), etc. El más acendrado purismo taxonomista, incluso, apela a la existencia de “subgéneros híbridos”, como vendrían a serlo la ópera, la zarzuela y la opereta (¿literatura o música? Para nosotros: ¡literatura y música!). Como ya se puede advertir, todos estos géneros con sus subgéneros, así como sus sedicentes formas “mayores” y “menores”, se proponían en el pasado como expresiones artísticas, a fin de contrastarse respecto de otras manifestaciones literarias que en el pasado se consideraron “marginales”, como las de naturaleza histórica: crónica, anales, biografía, memorias; el de índole didáctica: fábula, epístola, ensayo; o aquellos de raigambre oratoria: sermón, discurso, arenga, conferencia, panegírico y hasta la propia defensa forense.

Esta resumida y compleja diferenciación que ensayo, si bien útil por razones técnicas para distinguir las múltiples formas expresivas de lo narrativo-literario en su riqueza y amplitud, empero supone no sin extravío recalar en los riesgos de un chocante elitismo particularizante de unos géneros literarios por sobre los demás, que denunciaba arriba. Fue aceptada, ya en el mundo moderno por el clasicismo francés y sus concepciones neoplatónicas del género, como si éstos fuesen algo dado de una buena vez y en forma fija e inmutable y, además, regido por reglas in-cambiantes. Así, se proscribieron diversos géneros híbridos, sólo por no respetar las ortodoxias expresivas prevalecientes, como en el caso de la tragicomedia, sólo para procederse a una jerarquización totalizadora y totalizante que, si resulta molesta para las concepciones democrático-incluyentes de la literatura en general, en mayor medida lo tendría que ser para la vertiente anarquista de la literatura, puesto que aquellas partían de un presunto y controversial “criterio de nobleza del contenido”.

No es accidental, por todo lo antes enunciado, entonces, que las primeras controversias en derredor a la polémica teorética sobre los géneros literarios se instalara, ya, en el siglo XVI. Lope de Vega y Calderón de la Barca, por ejemplo, aparecerían como francos disidentes, desde el momento mismo que negaron que sus obras encajaran en moldes prefijados de antemano. Mucho más tarde, la “crisis de los géneros” se acusó en el grupo alemán Sturm und Drag, adalid de la autonomía de la obra literaria que, por tal motivo, inspiró a algunas creaciones narrativas de procedencia ácrata posterior. En medio de tales controversias de especialistas, F. Schlegel pretendió conciliar los criterios opuestos, entre tanto y por el contrario, Victor Hugo se manifestó a favor de “la pureza de los géneros” (prefacio de Cromwell, 1827). A su vez, Brunetiére abogó por una concepción de los géneros como si estos fueras especies biológicas sometidas a la evolución, y Goethe, de su lado, teorizó una clasificación de ellos diferente, a partir de la distinción entre las “formas naturales de la literatura” (la lírica, la épica y la dramática) y “géneros literarios” (especies históricas determinables dentro de las formas naturales), cosa que representaba, por cierto, una propuesta concebida bajo distintos niveles de abstracción. Podría seguir con esto, pero no lo haré.

Como sea que fuere, la literatura que tiene como fuente de inspiración originaria los valores y la ética del anarquismo, parece muy clara de que el verdadero antídoto contra el discriminador elitismo literario aparece a través de la Némesis libertaria de heterodoxa incursión genérica, la riqueza de la diversidad literaria y la autenticidad creativa, cumpla -o no- con los cánones prefijados a capricho de la autodenominada “alta literatura” convencional existente.

III. La creación original: ¿el cuento o la novela? ¡el cuento y la novela!

Un ejemplo elocuente de lo que vengo discutiendo hasta aquí, sería la artificial e inútil fabricación, por algunos supuestos defensores de los “géneros mayores” ante los “menores”, de gratuitas e injustificables disputas extra-genéricas. Por ejemplo, entre la novela y el cuento que acaso sirva para la consecución de temas de investigación para la obtención de becas literarias en estudios universitarios, sí, pero no necesariamente para recrear con sensibilidad el esencial goce estético-intelectivo que la creación literaria y la lectura que de ella emprendemos, de por sí, implican de suyo. Si el concepto de novela de inmediato remite a una cierta obra literaria en que se narra con una determinada extensión fluctuantemente “larga” una determinada “trama de acontecimientos” -imaginada en todo o en parte-, y cuyo fin, en última instancia, sería causar placer estético en sus lectores, a través de la descripción de situaciones o la pintura de sucesos y lances, de caracteres, pasiones o costumbres: ¿por qué, entonces, resulta tan común que, muchos, en forma comparativa consideren al género de la novela como uno mayor respecto al cuento? No parece haber asidero lógico en ello, pero acontece.

No pocos sostienen con falibilidad que, frente a la novela, el cuento, considerado como un recurso narrativo diferente, resulta un género menor pues la primera es más difícil que el segundo. ¡Craso error que soslaya, al menos y precisamente, que en gustos se rompen géneros y que cada uno supone dificultades incontrovertibles! Pero, ¿qué es el cuento? Según el canon de los especialistas, el cuento remite a una suerte de relato tópico y a veces épico, comparativamente más breve que la novela, en el que suelen combinarse elementos reales con fantásticos. Detenta sus raíces originarias más profundas en el subconsciente y en los mitos. Muchos identifican “cuento” con “mentira”, cuando es evidente que no son –ni podrían ser- lo mismo o a lo sumo –que para ello sí existe una larga tradición- se los vincula con lo fantástico y, por eso mismo, lo increíble. Como fuere, parece resultar característico de la narrativa cuentística, además de su brevedad comparativa respecto de la novela o de formato expresivo ante y frente a la dramaturgia, lo cercano que los cuentos se encuentran, sin duda, de todos los ámbitos naturales así como de la presencia frecuente de seres sobrehumanos que lo habitan en sintonía con las situaciones más diversas, e igualmente, la profusión de motivos inverosímiles y frecuentes en ellos, como las propias metamorfosis psicológicas y hasta anatómicas que viven muchos de sus personajes más logrados al interior de lo que se puede señalar aquí como es suerte de “cuentística clásica”.

En la tradición del cuento, en general, no obstante que la acción es a veces terrorífica, el final casi siempre resulta feliz o contiene moralejas humanas edificantes o contingentemente ilustrativas y humorísticas que exhiben al género como un ágil recurso pedagógico para aprender de circunstancias vividas o imaginadas, oníricas o reales. Es de denotar, por cierto, que la honda y larga cultura de cultivo del cuento, poseyó desde sus orígenes mismos un carácter marcadamente popular; la cultura oriental, por cierto, resulta ser particularmente rica en tal sentido. Desde ella llegaron a Occidente, durante toda la Edad Media y aún antes, muchas y antiquísimas expresiones de su precursora calidad luego emulada en Europa. Se suele afirmar, con razón, que las primeras experiencias antologadoras fueron las de Straparola en Italia ya en 1550 y las francesas de Perrault durante el curso del siglo XVII. La traducción francesa de las Mil y una noches, de Galland, dio a conocer esta colección en Europa. Además, en Inglaterra, Irlanda y Escocia, como después en muchas partes más, se desarrolló una literatura narrativa propia con fundamento en los ejemplos del cuento oriental, pero también tocadas por la original tradición celta.

En el mismo sentido que arriba, los cuentos habrían de encontrar un fecundo desarrollo entre los eslavos así como en los países alpinos. En España, por cierto, los apólogos medievales y que en definitiva pueden ser considerados como logrados cuentistas, tienen, entre otros y como representantes suyos a Don Juan Manuel –ejemplo del Conde Lucanor-, y en el Arcipestre de Hita, que recoge las tradiciones grecolatinas y orientales de diversas fábulas. Además, en el Siglo de Oro español, el cuento se asimila en las patrañas de Juan de Timoneda, en los cuentos o anécdotas de Arguijo; y, si damos cabida es este concepto de cuento a las narraciones breves en general, también pertenecen a este género de ficción las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, según lo estipula Germán Bleiberg. De manera que el cuento constituye igualmente, una forma central de la creación literaria del Romanticismo, también del español, como en los cuentos y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, así como de Pedro Antonio de Alarcón, del Padre Coloma, de Valle-Inclán, etc.

Es de denotarse, por cierto, que el concepto de “cuento”, en su acepción de obra narrativa de la literatura infantil, si bien ha encontrado algunos cuantos potentes exponentes de él, en general en castellano español y latinoamericano, empero no pueden compararse con los modelos clásicos en otras lenguas, como lo son los de los ultra-reconocidos casos de Perrault, de los hermanos Grimm y el también notabilísimo de Andersen con en su emblemático El rey va desnudo.













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